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Teorema


Tu boca me ata a ideas improbables
carentes de razón y deseo
la supongo entre susurros de palabras importantes
que pierden el interés
cuando la comisura la encuentra
y esa sonrisa imperfecta
es un beso de nacar
si encontrara la manera

Habla
que verte hablar es abrazarme
a tus labios
a tu aliento
al desafuero del desencuentro innecesario
a hilvanar deseos
suponer tus ojos cerrados
el cálido dulzor de tu saliva
de licor dulce a terciopelo
mas te prefiero como presa furtiva
distraída
confiada
confinada a la espera
de ideas improbables

Un beso
¿qué es un beso?
Sólo la sombra inmencionable y distinta
una manera simple
de partir en dos el deseo

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La parte gris de todo esto…


Quiero una caricia

para guardarla en la luna

en los pedazos cuerdos

en los versos ahogados

escondido entre las raíces

cuando las noches sean sólidas en la ventana

entre lo insensible

entre los silencios

entre las gasas grises

de los encantos de la duermevela

 

Estoy dispuesto en dejarme ir

entregarme en la frontera

saltar grado tras grado por las luces

recordar una caricia

cuando lo pensable se disipe

 

Sin culpa alguna

extrañaré el olvido

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LOS HIJOS INFINITOS – Andrés Eloy Blanco


Para Ana

Español: Monumento al venezolano Andrés Eloy B...

Español: Monumento al venezolano Andrés Eloy Blanco en el Parque del Retiro de Madrid (España). Detalle. (Photo credit: Wikipedia)

Sé que Andrés Eloy es una referencia perenne en este sitio. Debe ser porque crecí recitando sus poemas en la casa, leyendo sus bromas, y con los años, sorprendiéndome de sus discursos políticos y sus habilidades como orador. Como hombre de pueblo, como político incansable y como gran venezolano, insisto, Andrés Eloy, sin dejar a un lado a otros intelectuales de su época, es el poeta, el periodista, el político y el humorista más influyente en la Venezuela Moderna.

Estoy leyendo una antología que conseguí en estos días: Andrés Eloy Blanco: Cuatro Dimensiones, de De la A a la Z Ediciones. Entre sus páginas me encontré con un poema que me recordó mucho a mi Anita.  Sabemos que entre sus vetos, sus presidios y sus intermitentes e interminables exilios, Andrés Eloy era un hombre familiar, con un profundo amor a su madre, a sus hermanas, a su esposa y sus hijos.

Como poeta de transición entre lo romántico y lo moderno, era muy común encontrarse versos profundamente influido por la literatura romántica, con una rima exquisita y un lenguaje que evoca al castellano culto y vernáculo de la época, lo que lo convierte en uno de los poetas populares y del habla culta más importante de esos años.

Pero al final, hablar de Andrés Eloy, (asunto que muchos podrán mencionar mucho mejor que yo obviamente) no es el foco de este poema. Encontré estos versos muy bonitos que consideré dedicarle a mi comadrita en estos días que está de cumpleaños, embarazada de una niña y con Santiago de dos años. Como siempre, mi maestro en la distancia del tiempo, escribió oportunamente este poema… que se parece a todos esos poemas que queremos recitar para la gente que amas y quieres cuando caminan preñadas de esperanza.

Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
el modo de alumbrar de las estrellas.

LOS HIJOS INFINITOS – Andrés Eloy Blanco

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Belleza No. 7


Se dibuja la silueta de tu rostro
acertando los contornos de la belleza

Tus labios seducen
en lenguas inexplicables a los dioses ajenos

Crepitas como danza
de fuego, sombra y sangre

Las noche te observa rendirle culto
solo ella sabe tu nombre

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Belleza No. 6


las uñas rosa naranja
Son las causantes del incesante sonido
del dinero frotado nerviosamente mientras pagas

Los dedos juegan con el celular
Dando volteretas mientras llegan
Los mensajes que desesperas recibir

Las manos golpean afanosamente
Las teclas de la computadora
Mientras deseas que el tiempo pase más rápido

El ademán de tu palabra
Se enreda en tu cabello
En la caricia curiosa de tus nalgas
En morderte la punta del índice pensativa

Quiero hablarte a tus manos de deseo.

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POEMAS DE SU BOCA (2)


La cuentacuentos se levantó de la silla y comentó que no se acordaba muy bien del poema… pero que para ello había buscado y encontrado el libro. Lo traía en las manos: ilustrado, de bonitos colores, así, así, como es ella. Lo tomaba entre su pecho como si fuera un tesoro: para ella los libros son un tesoro y por esa razón ella los carga como tal. Es normal. Ella se levantó de la silla así: como un hada de cuento, que tiene los tesoros más preciados en una gaveta, cosas que otros creerían que son herrumbre y estropajo.

*             *             *

Rubén Darío era uno de esos poetas que no entendía. Silvana Rénola de Losada, profesora de Literatura de Humanidades en el San Ignacio, además de ser una gran maestra de otras cientos de cosas, hablaba de Rubén Darío como si estuviera hablando de dios nacido entre los hombres, y nadie entendía. Yo que para aquellos días tenía cierta aversión por su poesía, renegaba de él así como de William Osuna. Era un “Romántico”, decía. Algo que un joven adolescente podía renegar libremente sin el conocimiento necesario y no pasar por un simple estúpido.

 Silvana, tal como si fuera yo un muchacho de tercer grado, me tomó de la oreja y me encerró en el salón de profesores después de una clase de literatura interminable, repleta de improperios contra el poeta… “ese es el daño que te hizo el poemario de Luis Edgardo Ramírez, yo lo sé…” y con tiza en mano, a la antigua, pues, tomó unos cuantos poemas del mentado y me hizo copiarlos uno a uno en la pizarra. Luego me trajo a la luz: “este poeta es un genio, y te lo voy a demostrar…”

 Minutos después, no salía de mi asombro…

*             *             *

Años antes había estudiado la métrica del verso. Fue algo así como un ejercicio de Baldor… De repetir y repetir los versos matemáticamente, uno tras otro, contándolos sílaba por sílaba.

Esa tarde, releyendo a aquel que renegaba malamente. Conté una a una sus líneas, las licencias y los acentos, sin desatender el ingenioso malabarismo de palabras y la estética pura y perfecta del poeta.

Me senté en clases de historia del arte boquiabierto y abyecto a causa del trabajo que había realizado la tarde anterior. “Magnífico”, dije, mientras que Silvana seguía hablando de Van Dijk. Ella sabía que yo seguía en los versos del poeta aún, mientras ella enseñaba acerca de los pintores flamencos…

*             *             *

 La cuentacuentos no recitaba… Danzaba por la casa, batiendo sus cabellos castaños, en los que torpemente se le enredaban los versos que salían revoloteando de su boca. Bailó y bailó hasta que se acabaron las páginas en un segundo de satisfacción plena.

Ana volvió a tocar tierra. La cuentacuentos había muerto como las flores, como acostumbraba a morir después de acabar la historia, mas no sin antes dejar la casa totalmente impregnada de su aroma dulcísimo a nardos.

 … así narró los versos de Rubén Darío Ana Carlota Nuñez París, en una noche de sanduches, berros, estrellas y poemas sonámbulos.

Margarita, está linda la mar,

y el viento

lleva esencia sutil de azahar;

yo siento

en el alma una alondra cantar:

tu acento.

Margarita, te voy a contar

un cuento.

Éste era un rey que tenía

un palacio de diamantes,

una tienda hecha del día

y un rebaño de elefantes,

un kiosko de malaquita,

un gran manto de tisú,

y una gentil princesita,

tan bonita,

Margarita,

tan bonita como tú.

Una tarde la princesa

vió una estrella aparecer;

la princesa era traviesa

y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla

decorar un prendedor,

con un verso y una perla,

y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas

se parecen mucho a ti:

cortan lirios, cortan rosas,

cortan astros. Son así.

Pues se fué la niña bella,

bajo el cielo y sobre el mar,

a cortar la blanca estrella

que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,

por la luna y más allá;

mas lo malo es que ella iba

sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta

de los parques del Señor,

se miraba toda envuelta

en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: “¿Qué te has hecho?

Te he buscado y no te hallé;

y ¿qué tienes en el pecho,

que encendido se te ve?”

La princesa no mentía.

Y así, dijo la verdad:

“Fuí a cortar la estrella mía

a la azul inmensidad.”

Y el rey clama: “¿No te he dicho

que el azul no hay que tocar?

¡Qué locura! ¡Qué capricho!

El Señor se va a enojar.”

Y dice ella: “No hubo intento;

yo me fuí no sé por qué;

por las olas y en el viento

fuí a la estrella y la corté.”

Y el papá dice enojado:

“Un castigo has de tener:

vuelve al cielo, y lo robado

vas ahora a devolver.”

La princesa se entristece

por su dulce flor de luz,

cuando entonces aparece

sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: “En mis campiñas

esa rosa le ofrecí:

son mis flores de las niñas

que al soñar piensan en mí.”

Viste el rey ropas brillantes,

y luego hace desfilar

cuatrocientos elefantes

a la orilla de la mar.

La princesita está bella,

pues ya tiene el prendedor

en que lucen, con la estrella,

verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,

y el viento

lleva esencia sutil de azahar:

tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,

guarda, niña, un gentil pensamiento

al que un día te quiso contar

un cuento.

Rubén Darío

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Poemas de su boca (1)


Anoche las cosas se llenaron de poesía como un polvillo claro que cubre todo y que se convierte en un velo indescriptible y silencioso. Anoche ellas recitaron los versos, no yo… y esos versos me recordaron a uno de eso escritores que nunca se dejan pasar porque quedan en la palabra.
José Ángel Buesa es uno de esos poetas que encumbramos entre rones y fútbol en casa de Gustavo. El libro estaba allí. Solo había que ojearlo para descubrir en unos pocos poemas que era fundamental entre los novísimos que nos faltaba por descubrir en ese momento. Comerse sus libros no fue problema; de hecho, era justo y necesario.
Anoche ellas me lo recordaron… con un poema que solo un poeta es capaz de escribir con nobleza, con un poema que solo un poeta es capaz de escuchar con atención.

Amigo: Sé que existes, pero ignoro tu nombre.
No lo he sabido nunca ni lo quiero saber.
Pero te llamo amigo para hablar de hombre a hombre,
que es el único modo de hablar de una mujer.
 
Esa mujer es tuya, pero también es mía.
Si es más mía que tuya, lo saben ella y Dios.
Sólo sé que hoy me quiere como ayer te quería,
aunque quizá mañana nos olvide a los dos.
 
Ya ves: Ahora es de noche. Yo te llamo mi amigo;
yo, que aprendí a estar solo para quererla más;
y ella, en tu propia almohada, tal vez sueña conmigo;
y tú, que no lo sabes, no la despertarás.
 
¡Qué importa lo que sueña! Déjala así, dormida.
Yo seré como un sueño sin mañana ni ayer.
Y ella irá de tu brazo para toda la vida,
y abrirá las ventanas en el atardecer.
 
Quédate tú con ella. Yo seguiré el camino.
Ya es tarde, tengo prisa, y aún hay mucho que andar,
y nunca rompo el vaso donde bebí un buen vino,
ni siembro nada, nunca, cuando voy hacia el mar.
 
Y pasarán los años favorables o adversos,
y nacerán las rosas que nacen porque sí;
y acaso tú, algún día, leerás estos versos,
sin saber que los hice por ella y para ti…
 
José Angel Buesa 
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Espera


Abrirte como un baúl de emperatriz
Calado con piedras preciosas
Con silencios amarillos
Con sobras de música de días pasados

Me recuerdas tanto como se hace
Que la seda es apena un gesto
Apurado de la cadera

Suavemente enciende
pules tus alhajas

La dama ha llegado
Espérame desnuda
Espérame despacio
Espérame…

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Un café y un cigarro


Apuro el fondo del café
Preciso dos caladas del cigarrillo
De esos que tanto te gustan

Pienso en tus cabellos crespos cuando tenías quince
En tu fogosa ansiedad de amar a los veinte
En tu cuerpo maduro y sublime a los veinticinco

Hoy tienes treinta
Y eso no sé si pueda recordarlo
Pero todo lo que representas
Puede resumirse en un café y un cigarro

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Terribles problemas de sueño


Le pido a mi alma
que me deje partir al mundo de los sueños

Ella se desquita
desgrana uno a uno los segundos
como si fueran cuentas de desgracias
sumadas una a una a las lagañas interruptas

Se revienta como las gotas al fondo del fegrador
insensata excusa para no conciliar
para destrozar
paso a paso
el campo ganado por el orgulloso cansancio por las deshoras anteriores
por el beso de la luna

Pero el sueño es apenas un acto material
que se vuelve idea
una tarea inconclusa
una materia raspada

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