Archivo de la categoría: Poesia

rimas de brisa


La brisa

se carga con la risa que llena toda la casa

se llama como se llaman todas la palabras

La cintura se llena

con dulzura

se hace más grande

más sorpresa

más esperanza

Abrazarte es apenas parte de mi alegria

¿abrazarte? no… abrazarlos.

La brisa

baila con la cortina blanca como soñaba

la brisa esa que te pinta la sonrisa.

 

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Teoría desorganizada de la ortográfía de un beso


Préstame palabras para componer un beso

por ejemplo:

me gustan los monosílabos

los diptongos

con vocales fuertes

abiertas

acentuadas

para los besos de labios duros y repetidos

 

Me gustan las palabras aspiradas

para los besos jadeantes y sudorosos

o las palabras esdrújulas

para los besos contemplativos

inteligentes

de esos que se dan después de mirarte a los ojos

 

Me gustan las palabras graves

esas que no terminan ni en ene ni ese o vocal

para reconciliarnos

y decir con sensatez

dulce

ángel

te quiero

 

Me encantan también las palabras compuestas

que tienen acento por todos lados

desbordan de potencia y de duda

necesidad

competencia

rima compleja

y endecasílaba

como cuando jugamos a besarnos de adolescentes.

 

Pero los que más me gustan

Son esos besos que llevan tu nombre

porque son los que me recuerdan

cómo se pronuncia un beso.

 

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Teorema


Tu boca me ata a ideas improbables
carentes de razón y deseo
la supongo entre susurros de palabras importantes
que pierden el interés
cuando la comisura la encuentra
y esa sonrisa imperfecta
es un beso de nacar
si encontrara la manera

Habla
que verte hablar es abrazarme
a tus labios
a tu aliento
al desafuero del desencuentro innecesario
a hilvanar deseos
suponer tus ojos cerrados
el cálido dulzor de tu saliva
de licor dulce a terciopelo
mas te prefiero como presa furtiva
distraída
confiada
confinada a la espera
de ideas improbables

Un beso
¿qué es un beso?
Sólo la sombra inmencionable y distinta
una manera simple
de partir en dos el deseo

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Versos del capitán muerto


“¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! …” y muchos no conocen más del poema. “¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! …” repiten recordando a un sujeto que representó el maestro de sus sueños. Ese que le pedía que arrancara las primeras páginas de un libro en honor a la rebeldía que demostraban sus corazones adolescentes.

La palabra es poder… y conocerla es más poderoso aún.

“¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! …” era simplemente un verso que pudimos leer en Hojas de la Hierba es una traducción terrible de Panapo, en un librito verde aquella tarde de lluvia en una reunión de los inadaptados entre los desadaptados en el dogout de una cancha de beisbol de colegio.

Después, como la tradición nos remitía, buscamos la versión original en inglés en la biblioteca del colegio (saber una lengua distinta a la nuestra se convirtió más que una necesidad técnica, una necedad para leer cosas que siquiera soñábamos saber que existían), donde sólo teníamos acceso a las 5:00 pm. No éramos los ratones de biblioteca, éramos las ratas, tragapoesia, traganovelas, deseosos y e insolente con las letras. Muy torpes y muy experimentales… hasta que la disciplina de la lectura nos sentó. “¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! …” fue Withman, Yeats, Keats, los malditos franceses, la generación del 98 y luego la histórica generación 27, los surrealistas y todos los que les siguen…

El capitán se quedaba sólo. Era solo un poema mas entre mares de letras y tinta y papel  y figuras e imágenes y técnica y estética. Lo semántico era apenas un nivel de análisis. Estaba lo pragmático, que nos superaba con creces y éramos incapaces de percibirlo. Era algo más allá que un profesor capaz de subirse de pie a un pupitre y enseñarte el ritmo con la marcha en un patio.

Era leer, escribir, leer y releer, escribir nuevamente, corregir, discutir. Escuchar a Musapi, a Gonzalo Rojas, a Cadenas y a Montejo, a Yolanda y su poema a la mujer sola, a Carlos Brito y sus historias sobre beisbol, a Chino y su poesía de sol, a Carmen Verdes con sus versos de tierra, a Abraham Abraham con su matemática poética, o caerse a cervezas con William Osuna aprendiendo la mala calle. Era el Techo de la Ballena, era Guaire. Eran esos pares que tomaban los versos que les caían en las manos y hacían cosas maravillosas. Era tocar la poesía que estaba viva. (Nota: aquí falta muchisima gente, pero no se como meterlos todos).

Era Gustavo Portella, mi hermano. El dueño de muchos de esos versos que hoy atesoro y respeto. Asi como de muchas de esas historias que jamás serán contadas de aquella adolescencia que nos persigue, como si quisera evitar quedarse relegada en el olvido.

Era la poesía.

El Capitán quedó como una película que muchos tienen en el recuerdo como “lo mejor y más inspirador que han visto”, algo así como cuando yo vi Tiburón la primera vez. Debo reconocerlo. Valió la pena conocer a un maestro así. Pero la inspiración sin técnica es como tener mamá pero muerta.

Por eso, después de escribir esta canción adolecente de la lectura, hoy que remuevo mis libros y mis versos para colocarlos en nuevas estanterías, les dejo el poema completo, más allá que para recordarles que ese verso tiene otros versos que le siguen, es en homenaje a aquel que los pronunciaba. Las historias están llenas de momentos, y como a todos nosotros, la mía tiene algunos pies de esa cinta.

¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Nuestro viaje ha terminado;

el buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta, ganamos el premio que buscamos;

el puerto está cerca, escucho las campanas, todo el mundo está exultante,

mientras siguen con sus ojos la firme quilla, el barco severo y desafiante:

Pero ¡Oh corazón!¡Corazón!¡Corazón!

oh, las lágrimas se tiñen de rojo,

mi Capitán está sobre la cubierta,

caído muerto y frío.

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;

levántate, izan la bandera por ti, por ti suenan las cornetas;

por ti ramos y cintas de coronas, por ti se amontonan en las orillas;

Por ti te llama la influyente masa, giran sus rostros impacientes;

¡Aquí Capitán!¡Querido padre!

Este brazo bajo tu cabeza;

Es como un sueño sobre la cubierta,

Has caído muerto y frío.

Mi capitán no responde, sus labios están pálidos e inmóviles;

Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad;

El barco está anclado sano y salvo, el viaje ha terminado y se ha hecho;

De un viaje temeroso, el barco triunfador, entra con su objetivo realizado;

Exultamos, ¡oh costas y tañidos, oh campanas!

Pero yo, con triste pisada

Camino en cubierta donde está mi Capitán

Caído muerto y frío.

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Te tengo


Te tengo con conciencia.

Te tengo.

 

La risa que me envuelve

los ojos alegres

la mano que me roza

 

Porque los momentos son dispersos

se guardan con llave

y son más que el tiempo

 

Un acto egoísta de querernos

decirnos la verdad de madrugada

cuando solo nos escuchan los secretos

 

Te tengo.

Más que eso,

me tienes

ahí está el secreto.

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Cobarde


Dudo

por qué mis versos salen de la punta de tus dedos

del entrecanto de tu boca

de tu cabello despeinado y sin aroma

 

No encuentro conciencia

ante el acto imperceptible de escribir

de escribirte de la manera que te escribo

pues a la luces de los silenciosos

las palabras escritas son el deseo de los cobardes

a menos que te las recite al oído

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Ella de Nuevo…


Me encantó conseguir este poemario de Ana Enriqueta Terán. Lo voy a disfrutar mucho. Lástima que llegué tarde al festival mundial de poesía de este año. Por lo que vi estuvo fenomenal.

Me encantó conseguir este poemario de Ana Enriqueta Terán. Lo voy a disfrutar mucho. Lástima que llegué tarde al festival mundial de poesía de este año. Por lo que vi estuvo fenomenal.

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Belleza No. 8: Oda a tus tacones


Los tacones son la entelequia

convierte a tus pies en un pequeño asomo de tus dedos

destaca la línea fuerte de tus gemelos

embellece tus muslos

remosa tus caderas en el puesto merecido

reducen tu caminar en una danza de pasitos ligeros

que se acompasan con el sonido lujurioso del taconeo

que avisa que vienes y hacen levantar la mirada

 

Son un disimulo que creo haber descubierto

detrás del paso duro

la postura altiva

la elegante coraza

la sonrisa discreta

la escencia de tu equilibrio de tu juego de seducción

la adultez que simulas

 

Tus tacones son un reto

y bajarte de ellos el dilema

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Como de costumbre…


A qué sabe

esa boca que tiene el desparpajo de la palabra correcta

supongo que tiene distinto sabor

el labio inferior

ácido

pronunciado

inclemente

al labio superior

dulce

recatado

constante

A qué sabe… -me pregunto- A qué sabe…

con un temible ejercicio de paciencia

y demasiadas metáforas

como de costumbre…

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Comprendo la noche


Comprendo la noche
me ha acompañado siempre
esperando las luces de la mañana
susurrando los sonidos de la calle
por las rendijas de las ventanas

existe pornografía
películas viejas
unas cuantas imposibles de ver
muchos sitios de internet
y el suspiro del fatigado perro
que bufa por los sonidos del teclado

existen pensamientos
palabras… siempre las palabras
que terminan exhaustas algunas en la pantalla
muchas se pierden tristemente en la penumbra
de algunas ya ni me acuerdo

existen horas y minutos interminables.
ovejas contadas estrambóticamente
con el fin de conciliar el sueño ese
aquel que no se concilia

existen besos y botellas
canciones de despecho terrible
en los bares luminosos y agrestes
y chicas que sin mal o bien
desean pasar una noche distinta
si tienen suerte

pero lo que no existe es el sueño
el tiempo me ha permitido
comprendo la noche
pero ella no me comprende a mi

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