Archivo de la categoría: Narrativa

hecho con las manos


Tuvo el acto reflejo de llevarse el dedo a la boca después de la cortada en el dedo índice de la mano izquierda. Sabía que iba a pasar y se lamentaba porque ardoroso dolor que poco a poco la saliva hacía imperceptible, ya era recurrente en el mismo dedo, mismo dedo, mismo dedo.

Miraba el hilo como iba tomando el tinte rojizo amarronado de la sangre. La membrana se hacía evidente en el tejido mientras fue avanzando, sin embargo le parecía divertido. Pareciera que es una idea fenomenal convertirla en una firma personal, pensaba para sus adentros, pero que lo único malo era el pinchazo siempre en el mismo dedo, mismo dedo, mismo dedo.

Al terminar su obra solo había una forma de saber que su pieza, su obra de arte, era una pieza personalísima y perfecta para los placeres varios del balanceo. El hermoso mecate que colgaba de la arcayata de la pared se deslizó por el ojal, que dibujo suavemente un nudo caroreño, marca personal de la familia.

Cuando hubo estirado la tela, recostó su cuerpo en su obra maestra de hebras blanquecinas, y el punto rojizo amarronado que destacaba afanosamente. La mujer apareció por las puertas del taller con una taza de tinto humeante y curiosa preguntó:

– Que paso Chuito, ¿qué haces tirado en esa hamaca chupando dedo?

– Nada mi amor, que otra vez me corte…

– ¿Dónde?

– En el mismo dedo.

– ¿En el mismo dedo?

– Si… en el mismo dedo.

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Alquitrán


Chuo, como le decían, era un moreno pequeño y hacendoso en las labores de la casa. Le gustaba limpiar, cocinar y arreglar la casa. La casa no era muy grande. Se hacía más pequeña en las noches cuando llegaban todos de la calle a dormir: el, sus tres hermanos, sus tres hermanas, su madre y el catire.

Chuito era el único que quiso estudiar. Los chistes iban y venían burlándose todos los días porque Chuo salía de la casa limpiecito para la escuela. Sus Hermanos, callejeros y sinvergüenzas hacían lo que fuera para sonsacarle y evitar a toda costa su disciplina. Un día le enterraron el uniforme. Cuando lo encontró ya era tarde; sin embargo, se puso su uniforme lleno de tierra y se fue a la escuela como si nada importara. Al llegar de clases, dejó los libros en la mesa de la sala y uno a uno fue entrándoles a trompadas a sus hermanos. El catire sonreía mientras su madre aterrada le reclamaba por qué no los separaba… “ese… va ser más macho de todos los muchachos”.

Le gustaba la música y disfrazarse. En los carnavales se perdía entre la gente y llegaba tres días después con dinero en los bolsillos. Llevaba a los turistas a pasear por las mejores playas de la zona, les decía donde comer y donde quedarse a dormir, les mostraba el pueblo entero y en las noches los llevaba a las mejores fiestas del pueblo.

Cuando tuvo edad, el catire lo llevo a pescar. Tenía diez años (o eso dicen) cuando mucho. Fue una noche de esas que las nubes cubren todo el cielo y no se ve ni siquiera la luna. El mar estaba picado y de vez en cuando la lluvia los acechaba por segundos para parar y volver a llover. Sus hermanos se veían las caras porque no sabían que esperar.

En lluvias podía pasar cualquier cosa.  Catire siempre fue un pescador de mucha experiencia. Lanzaba la tarralla con una mano mientras que con la otra llevaba el motor de la lancha. Los gritos del carite siempre fueron violentos, seguidos de manotazos en la cabeza. Ese día llevaron más golpes que nunca, todos sus hermanos estaban mareados y empezaron a vomitar, por lo que las cosas no estaban saliendo como eran. Chuo sabía que era su primera vez. Se sentía animado y con ganas de no quedarle mal al catire.

Los colores se le subieron a la cara al catire. Pegaba gritos a Chuo para todos, mientras que les decía a los muchachos que eran unos inútiles de mierda. Cuando empezaron a recoger las redes, los peces salían por borbotones en el barco. Chuo halaba las redes con fuerza mientras que uno de sus hermanos vomitaba por la borda.

Cuando su hermano cayó al agua, el catire le dijo que lo dejara, que la red, esa última red, era más importante… con todas sus fuerzas, Chuo halo la red al bote y se lanzó a salvar al hermano que casi se ahogaba. El catire, dio vuelta al bote y enrumbo a la costa, dejando a los dos niños en el agua…

Chuo llego arrastrando al hermano por la manga, exhausto. El catire, con un paño en las manos y los pescados en cuñetes los miraba sonriente. “Bien… eso les pasa por no estar pilas… ahora suban esa vaina en la camioneta del viejo”. Luego de vomitar agua y cansancio, subieron los pescados en la cava que iba al mercado municipal. A la hora de irse, el catire le dijo que no le tocaba.

“Vas a untar todo el barco por dentro de alquitrán, dile al Chamo que te enseñe como”, señalando a un carajito rubio con los rulos y la cara quemados por el sol, que se encontraba parado al lado del  bote sacándose los mocos y con una totuma llena de una grasa negra y viscosa. “y hay que no quede cómo es, Memín”, dijo antes de arrancar.

Se gano el nombre del alquitrán. Después de aprender a calafatear los barcos, se llenó los bolsillos de plata para pagarse las clases, comprar libros y beber aguardiente los viernes. El catire le gustaba salir a pescar con el negro Chuo, pero nunca le dio dinero porque decía que con eso le daba de comer. Se había convertido en un muchacho de músculos grandes y de gran tamaño.

Sus días pasaban en la playa y en la escuela… y cuando podía, iba al cine a ver las películas de Pedro Infante y de Jorge Negrete, no porque le gustaba el cine, había algo en ellos que no dejaba de impactarle. Cuando vio Casablanca se enamoró perdidamente de los personajes. La vio tantas veces que se aprendió los diálogos de memoria.

Al cine siempre iban sus hermanas y su vecina Canelita. Para tener 15 años, Canela había sacado las caderas y unas tetas impresionantes. Los muchachos de la cuadra siempre la silbaban cuando iban al colegio, pero siempre Canela se guardaba de los abusadores en los brazos de Chuo. Su rostro era finito, con la nariz respingada y los labios finos. Su corazón, aunque no lo sabía, latía por su negro, y siempre que lo miraba le brillaban los ojitos. Su padre, el libanés del abasto, siempre recordaba a su madre cada vez que la veía: “belleza pura” le decía.

Canela soñaba en el cine igual que el negro. Iban siempre juntos a ver aquellas películas donde el héroe se quedaba con la heroína, donde Cleopatra se quedaba con Marco Antonio pese a Julio Cesar, donde la dama bonita se derretía enamorada con las canciones de Tin Tan, donde el amor era la única canción que escuchaban los dos.

Pero el Alquitrán no sabía como mirarla.

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La bruja


(Cuento corto, por ahora)

 

Es la noche temprana, no la oscura, es la que nace al caer  la tarde y la que es rica en colores. Es la que abraza a la mujer, su halo.

La mujer es la madre que se transforma en sabiduría, que a veces no es lo que se piensa sino el poder milenario de la noche con sus vidas y sus muertos.

Es la naturaleza que conecta sus picardías para dominar la realidad, para enderezar entuertos y validar sus consejos, más sabios y dulces que su ronca voz, que su violento decir, que su necesidad de templar. Es la bruja.

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Los adioses están de más


Todos los días son diferentes cuando llega la noche. Pero esta noche el insomnio no pasó por mi casa y estábamos a punto de dormir. Yo apague el televisor en esa ocasión: mi esposa había ejercido una disciplina férrea sobre el dormir y sus fantasmas; en pocos meses de casados, había alejado los fantasmas, las ánimas y los programas de cocina de mi mente, había logrado, en muchos casos, con éxito, que lograra conciliar el sueño antes de las 11 de la noche más de dos días seguidos.

Sin embargo, cuando el sueño nos encontraba sonó el teléfono: “Jorge se está muriendo”, me decía mi madre. Eran las 11 de la noche de un martes en una fecha en la que todos por lo general no nos sobran el dinero para emergencias.

No supe a quien llamar. Mi impotencia era tal que era incapaz de pensar, de reaccionar, de llorar siquiera. Los teléfonos que marcaba aleatoriamente no contestaban. “eran las 11 de la noche”, pensaba, mientras que mi esposa, entre la sorpresa y el sueño, trataba de tranquilizar mis ánimos de intentar teletransportarme a la casa de Jorge y salvarle la vida al menos…

Eran las 11 y media cuando la llamada de mi madre confirmo la muerte de mi amigo. Tomé un segundo en medio del stress. Tome un cigarro, y en medio de la incipiente lluvia de esa noche, fumé. Esperando, como todas las cosas malas de la vida, al despertar nada de esto hubiera pasado.

*     *     *

 Eso de un hombre llorar era una estupidez. Me parecía una mariquera. Sin embargo, lloraba. Era carnaval y había terminado con mi novia en mitad de Sabana Grande. Nos dimos un beso largo, tragándome las lágrimas. Luego recibí un golpe de papelillo en la cara. No quería llegar a la casa, no sabía que decir por qué un hombre de 15 años tiene que llorar. Subí la escalera de la casa, los siete largos, sucios e inhumanos pisos para que el sudor pudiera justificar las lágrimas de imbécil que tenía.

En vez de entrar a la casa fui directamente a la puerta de en frente. Jorge abrió la puerta y se cago de la risa. No era normal que me viera con la cara larga en una nube de papelillos que aun revoloteaba a mis alrededores. “Qué te paso marico”. Conteste con media voz que había terminado con Gina. Sólo giró a los muchachos y a vox populi les dijo “vamos a celebrar… que al negro lo han mandado al carajo”, me dio una cerveza y ahí comenzó la noche más larga y borracha de nuestras vidas.

 *     *     *

En medio de las luces de la noche sabía que mi noche comenzaba. Hermano del alma había muerto y no era suficiente saberlo. No pude hacer nada para ir a sacarlo de su quebranto. El, que tantas veces se había hecho cargo de los míos.

En algunas ocasiones mi esposa se despertaba y trataba de articular palabra, sin embargo, sabía que cualquier cosa que ella dijera iba a ser un pañito de agua caliente nada más. Era mi tristeza. Algo que yo solamente sabía, pero que los muchachos ignoraban: yo tenía que ser el vocero y por más que mi vida fuera tejida de vocerías, está en particular, no era la que más me agradaba.

 A las tres de la mañana me paré, tomé una cerveza de la nevera y de di un profundo trago, de esos que siempre les he dado. Han pasado muchos años desde que nos conocimos. Años en los que Jorge era un adolescente y yo uno de los niños del edificio. Nos hicimos amigos no por casualidad. El vivía en frente, mis amigos fueron sus amigos para el futbol, para las mujeres y para el alcohol, para la música y para las conversaciones estériles hasta las 5 de la mañana.

Pero…

Hubo conversaciones de la intimidad de ambos que solo se reducían a pequeñas reuniones de libros, de poemas propios y ajenos, de lecturas y relecturas. Fue culpa de nuestra necesidad de saber y conocer la que nos convirtió en una especie de simbiosis de alumno-maestro, siempre incomoda, porque al final siempre ambicioné estar a su par, algo particularmente imposible.

 *     *     *

Huidobro me tenía de cabeza. Era como un viaje de alguien que estaba medio drogado y que trataba de decir lo que veía. Era como descubrir con los ojos de otro en cabeza propia. Necesitaba un cigarrillo y a mi edad y en mi casa era imposible poder fumar tranquilo. Y para vicios y preguntas siempre estaba Jorge en su casa, o siempre estaba la casa de Jorge.

– Ya sé que estás leyendo… te dije que comenzaras a leer a Cortazar primero…

– No voy a leer a Cortazar. Va contra mis principios. Todos los imbéciles que se creen escritores leen a Cortazar como si fuera un manual de escritura. Y detesto que todos se lean entre ellos diciendo que es “muy Cortazar”

– Pero es que hay que ver que eres medio marico. Cortazar es más digerible…

– Si, pero no pienso ser uno cronopio más en la literatura adolescente.

– Es que hay que ver…

Página por página, Jorge sirvió los rones de la noche, mientras que discutimos sobre Altazor, luego sobre poesía, para terminar en la Euro y en mujeres. No sabíamos por qué nuestras lecturas tenían cosas en común, tenía resoluciones interesantes, tenia segundos, minutos y horas que podían ser de ocio, pero era para los libros que leíamos.

 *     *     *

Han pasado quince años de ello y leí a Cortázar creo que el año pasado. Me divertía sus poemas de amores imposibles con una lesbiana, me encantó su bestiario, y me embelesé con Rayuela, y creo, pese a que algunos cuentos de esos días no pudieron salvarse, no me envenené de un estilo que sencillamente evitaba.

Cambie la cerveza por un trago de ron puro. La lluvia mataba asquerosamente ruidosa el techo de la casa y tuve que cerrar todas las ventanas. Los truenos retumbaban en las paredes de la casa. Ya me había atacado el insomnio. Solo quedaba esperar el amanecer para vestirme e irme a encontrarme con el mal sueño ese que quizá estoy teniendo.

Mi esposa se paró en la puerta del cuarto y me preguntó que tenía pensado volver a la cama.

– Negro, ya es muy tarde…

– Lo sé, pero mejor ve a dormir. Yo no tengo sueño.

– Pero… ¿qué puedes hacer? ¿Qué ganas con quedarte despierto?

No ganaba absolutamente nada. Simplemente la noche era demasiado larga para tener una pesadilla tan perpetua como la de hoy. Me quemaba el pecho la culpa de saber y tener que llamarlos a todos para decirle que las cosas habían pasado así y que yo no había hecho nada por salvarle la vida, o por lo menos, estar junto a mi compadre la noche en que decidió irse sin despedida. Muy a su manera.

Carmen se sentó en mis piernas para besarme la frente y acariciar mi cabello siempre desdeñoso. La lágrima incipiente que esperaba la voz de partida simplemente aceleró el paso por las mejillas. Ninguna otra Salió. Carmen sonrió, me tomó de la mano delicada y sobria como es ella y me colocó en la cama. Quedaban dos horas para ver las primeras luces de la mañana y tragar amargamente la verdad.

*     *     *

Demasiado alcohol. Tocaba el disco de “Pies Descalzos” de Shakira creo que por vez sopotocientas y me dolía la cabeza enormemente por el chichón que me hizo Juan Eduardo tratando de romper hielo en mi cabeza. Juan yacía felizmente en el suelo luego de tratar de besar a mi prima para después irse en vomito en una maceta.

Jorge estaba sentado junto a mí, balbuceando palabras que solo otro borrachos en condiciones similares podía entender: “Marico… tienes que aceptar que la mierda esa que te di el otro dia era muy buena… el tipo… hace… lo que nadie… hace”; haciendo referencia a aquel libro que si me preguntan no me acuerdo de quien era. Mucho menos ebrio.

Yo estaba embelesado con el amanecer. Las luces empezaron a deslumbrar poco a poco en todo el cielo y era increíble lo que mostraba, en especial, por aquellas nubes que como nieve bordeaban el horizonte desde es el banquillo verde de un jardín donde se sientan los borrachos ven el amanecer.

De repente volví en mi cuando Mike, uno de los hijos de la dueña de la posada llegaba en su carro: un chevette rojo que escupía vallenato por la ventana. Saltó del estruendoso carrito con tres botellas de miche

Jorge y yo nos empinamos por partes iguales una de esas botellas de aguardiente anisado. Luego no creo recordar mas nada. Amanecí en mi cama escuchando los cuentos de los muchachos. Terminé entrando por la ventana de la casa con un estruendoso ruido que despertó a todos. Jorge dormía abrazando su sueter hediondo. A su lado, tenía el libro que estaba leyendo. Creo que fue la primera vez que escuchaba de Huidobro y Altazor:

“Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad? / ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa con la espada en la mano? / ¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios? / ¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser? / Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir / ¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos los vientos del dolor? / Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor / Estás perdido Altazor / Solo en medio del universo / Solo como una nota que florece en las alturas del vacío/ No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza / ¿En dónde estás Altazor?”

*     *     *

Carmen me llama a las 6 de la mañana para despertarme… ya había amanecido.

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Los escribidores nos entendemos


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¡Sorpresa sorpresa! Uno que vive en este momento tan digital de la vida, somos algunos (espero que seamos más de los que evidentemente parece) los que nos sorprendemos y agitamos con el olor del papel guardado y tintado de palabrerías. Mucho menos aquellos que nos hemos interesado por la técnica y la estilística de nuestra lengua o muchas otras lenguas que el destino nos depara.
Así se hace las relaciones de la palabra. Los que cuentan los cuentos, los que los leen, los que analizan a los que escriben, los que observan a los que leen, los que enseñan a escribir, los que enseñan a leer. Todos somos del mismo club. O al menos eso creía hasta que me di cuenta que andamos todos por nuestra cuenta.
Eso, en particular eso, es lo que nos entrega nuevas sorpresas. Cuando los escribidores nos conseguimos en los lugares, quizás, los más recónditos del camino, nos asalta la sorpresa y nos entregamos al encanto. Porque la pasión por las palabras, más allá de los eventos lecturarios, son cosa de colección.
Los escribidores nos conocemos por el libro de paso, que de vez en cuando se convierte el mismo. Nos conocemos por aquellos maestros que nos enseñaron a amar la lengua; por los autores que nos confirieron algo de su inteligencia para medir la palabra; nos conocemos por el callo de del pulgar izquierdo con el que nos acostumbramos a espaciar.
Los escribidores nos conocemos por las esdrújulas, por el síncope, y las palabras ralas en el énfasis; por ver más allá de los acentos y las comas, que en muchos casos son menos importantes a las pinceladas de la lengua que se definen en cada párrafo; nos conocemos porque tomamos notas en los poemas; por que escribimos en las esquinas los nuevos versos entregados al olvido o a la próxima lectura, lo que pase primero; nos conocemos porque nos encanta ver como una dama articula la palabra para luego convertirla en un compendio de cláusulas y frases.
Los escribidores nos conocemos porque nos odiamos entre nosotros y en ocasiones, nos odiamos nosotros mismos de cuando en cuando. Lo peor es que se nota cuando la escritura no es agraciada por nuestra conciencia y la rabia nos carcome, o peor aún, cuando leemos al otro que lo hace mejor, mucho mejor.
Cuando conocemos una dama que tiene la magia, nos embelesamos de sus manos, de sus palabras cuidadas y posadas en la oración, de sus ojos lectores detrás de los cristales de horas y desvelos. Parece cosa de amor y de amantes, pero es el placer de encontrarse a través de la palabra, a través de la lengua, mas en ocasiones, el placer de encontrarse en la lengua es simplemente un asunto de odio atrevido, hasta sano, sólo eso.

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De vuelta al Discurso…


Empecé a estudiar discurso por  una necesidad de tener herramientas para decir. Me intrigaba fundamentalmente aquellas cosas que pensaba el otro y como engranar la palabra con su conciencia previa. Claro… con el tiempo me di cuenta que es muy difícil saber eso, sin embargo, entender los sistemas de nuestro idioma y sus funciones desde una perspectiva pragmática, me hizo comprender algo que en los años de política, y quizás ahora en la práctica sigue siendo una de las estrategias más complejas de dominar, me aconsejaban los asesores: “No vienes a cosechar preguntas, sino a sembrar un mensaje”.

Es cierto que el análisis del discurso siempre ha sido una herramienta anacrónica de análisis. Siempre tomamos los discursos después de hecho y los diseccionamos de manera médica hasta desgranar los procesos del texto, y hasta cualquier idiota podría decir que con un análisis de contenidos podrías tener los mismos resultados (¬¬) pero no es así.

Creo que esos años en la escuela de Lingüística me dieron una perspectiva distinta de lo que es la lengua y su forma y función, y obviamente, de lo poco formado que somos en los aspectos formales de nuestro idioma, donde nuestra tozudez nos hace olvidar que la lengua es un animal vivo, que camina, que muerde, que habla y se transforma. En definitiva, que el lenguaje es una herramienta de uso y su uso define su forma y su función. Creo que ya no soy tan terco con esas cosas.

Estoy retomando mis lecturas sobre los estudios del discurso, sin embargo, ahora con una visión más libre, menos estresante y menos relacionada con esos aspectos formales de la academia. La escuela fue fenomenal para entender qué debo revisar y a quien debo leer, sin embargo, estoy consciente de mis deficiencias y estas no son precisamente salvables en la academia, que tiene una serie de exigencias y tiempos que cumplir en las que algunas de mis aptitudes no son suficientes. Ojo, no es que yo sea un completo idiota, sólo que a veces tu columna vertebral de conocimientos previos no aguanta un peso tan serio como la Lingüística Sistémica Funcional… debo aceptarlo.

Pero…

Si… me enamoraron del tema… y aquí sigo. Estoy Leyendo la Lingüística de los textos narrativos.

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Buena Suerte Santiago – La carta de Montblanc 2013


Otro año más participando en lo de Montblanc. De verdad no me preocupa para nada el tema de ganar o perder, pero siempre he tenido el placer y la oportunidad de sentarme a escribir estas cosas que me gustan, y que obviamente, a ustedes les gusta también, porque si no, no tendríamos más de 400 lecturas para hoy, al cierre del concurso. Escribí esto por necesidad, más que todo, precisamente la necesidad de decirle a la gente que existe una personita que se ha convertido en una posibilidad, y que me encanta como es.

Santiago tiene una personalidad formidable: una sonrisa maravillosa que te vuela los problemas de la cabeza; un caracter severo y difícil capaz de reprenderte con año y medio de edad apuntándote con el dedito y una mala cara; es travieso y curioso, al punto de aprender tan rápido que no te das cuenta de si realmente estas hablando con un niño o con un estudiante de física cuántica del IMT.

El asunto es que Santiago va a ser un tipo fenomenal, y, aunque se que Ana y Pascual se van a encargar de que eso sea así, pues tenía que escribir las cosas malas que puede hacer el Santiago y dejarlas por escrito. Creo que por eso tengo la duda de que la gente que me dice que la carta es hermosa halla leído la carta, porque honestamente son una lista de sinverguenzuras que el padrino va a “cubrir y dejar pasar” en su momento determinado, pero que de antemano, está dispuesto a ponerle le pecho al asunto sólo para que nuestra joven promesa de la vida tenga un mínimo de daño colateral.

Creo que de eso se trata la amistad que tengo con sus padres. una amistad intima, sincera, honesta, pero a su vez sinverguenza, licenciada en los contratos inmencionables que terminan siendo la única y la más maravillosa excusa para ser un privilegiado en una familia adquirida, que además me coloca en una posición delicada y que acepto con gusto, ser el Padrino de Santiago…

Ahora que puedo hacerlo, les dejo la carta que escribí para este concurso en el 2013… Gracias, Gracias, Gracias.

Según mi experiencia, los padrinos ya no son como los de antes: los responsables de los muchachos si en caso dado, los padres tienen un percance. Debe ser que a mí me hicieron con piezas viejas, pero hoy te veo, Santiago y no puedo pensar en otra cosa: me siento responsable. Quizás, por eso, para prevenir, escribo estas líneas para decirte esas cosas que tu papá, y mucho menos, tu mamá, te irán a decir como te las puedo decir yo.

Si. Soy tu padrino mala conducta, y quizás ha sido culpa mía por la fama que me he ganado, pero prefiero educarte en el camino mundano, de esas cosas de lo que realmente está hecha la vida sin que seas un dolor de cabeza para tu Mamá, que te quiere como a un angelito, y que tu Papá por moral, porque sé además que es un juerguista increíble, no te va a enseñar.

Sólo te pido que hagas caso a todas las cosas que te voy a decir, son precisamente las cosas que puede que te salven el pellejo más de una vez, que te eviten regaños terribles de tu Pae (que es español y según entiendo, son estrictos a la hora de criar) y no le saquen canas verdes a tu Madre. Aquí te dejo “Las cosas que debes aprender de tu Padrino”.

 

1.-SOBRE LAS SEÑORITAS:

Por cosas de la vida, quizás veas a tu Padrino con muchas amigas en los años venideros. Eso no quiere decir que vengan en una caja de cereal: cada una de las señoritas que conozcas merecen ser tratadas como tal, como señoritas. Esto te lo menciono desde el principio porque sé que es lo que más problemas te darán en la vida. Te he visto, y con año y medio tienes debilidad por ellas, más si son rubias, así como tu padrino.

Quiérelas a todas: encántalas, se galante, elegante, delicado, atento, pero firme, serio en tus intenciones y siempre con la verdad por delante. Eso te resuelve muchos problemas de gastritis. Ten en cuenta que romperás algunos corazones, así como te harán trizas el tuyo más de una vez, pero si las cosas están claras, la vida con ellas es más llevadera.

 

2.- SOBRE EL COLEGIO:

Aunque tu padrino no fue nunca un estudiante sobresaliente, trato de ser siempre alguien bastante visible. Si te soy honesto, eso no sirve de nada. Estudia. Tener buenas notas no sólo te asegura tu futuro en la universidad sino que además es tu pase a la libertad. Va a ser difícil tener 14 años con colegio y dos fiestas por fin de semana, pero hijo, todo se puede, y más cuando ir de fiesta depende necesariamente de ser un buen estudiante.

 

3.- SOBRE METERSE EN LÍOS

De esto si lo sé todo. Primero es importante esto: aprende a pelear, pero nunca pelees. Una golpiza no depende inicialmente de ti, sin embargo debes defenderse. Pero si te toca, gana. También tienes que aguantar tus moretones frente a Papá, y deja que Mamá te cure… Es lo mejor que hay.

Aunque me corten la cabeza por esto, tengo que decirte la verdad: todos los niños tienen que partir un vidrio, botar una pelota al patio del vecino, ensuciarse, tirar fosforitos, jugar trompo, comer mangos robados, romper botellas, también puedes romper botellas con fosforitos, causar un incendio (pequeño), jugar carnaval con todas sus letras, y claro está, besar alguna de tus primas, las bonitas por supuesto, si no a todas. Procura que sean las venezolanas, sólo te aviso.

Cuando aprendas química se te abrirá un mundo de posibilidades con las travesuras, sólo procura salir con el menor daño posible y no quemar el televisor en el intento.

 

5.- SOBRE LAS BORRACHERAS

Todos pasamos por eso. Puede que haya razones y puede que no. Puede que hoy sólo te haya caído mal o que sencillamente estés despechado y estés más sensible, el caso es que se la pasa muy mal cuando se está ebrio: por las boberías que uno dice, por las cosas que uno hace, por el lío que te armas, por llegar más currado que una cuba a casa, etc, etc, etc. El hecho es que es cierto eso que dice que “todo lo que se hace se paga” y este es el peor ejemplo de todos. Solución: controlar el codo la próxima, sopa de pollo (la de tu Mamá es mundial) y mucha grasa… Ya te enseñare la receta a su tiempo.

¡Ah! Y si todo se complica, siempre llama a tu padrino.

 

6.- SOBRE ROBARSE EL CARRO.

Esto tiene todos los líos juntos: señoritas, fiestas, problemas, alcohol, golpes y seguramente algunos amigos del colegio. Mi consejo es que no lo hagas, y mucho menos si hay amigos del colegio y alcohol. Las fiestas y las señoritas se justifican siempre, y más cuando el carro es relativamente nuevo. En cualquiera de los dos casos, prepárate para los regaños, castigo, y si chocas, tus buenos correazos.

Si tienes que hacer alguna maldad, recuerda que puedes llamar al padrino para que te ayude. Para eso estamos, y si cometes la locura de robarte el carro y pasa algo, más aun debes llamar a tu padrino… Por lo menos, para que el castigo sea menor.

 

7.- SOBRE EL AMOR, EL SEXO,

Y NUEVAMENTE LAS SEÑORITAS

Tres consejos… Usa condón, eso es fundamental. Los seres humanos somos realmente casi la única especie del mundo que hacemos esto por placer. No es mentira… Pero no hagas que se convierta en una tortura.

Segundo, no creas que el estreno va a ser el momento más especial de tu vida… La primera vez es como ver un pato fuera del agua: torpe… Pero no te preocupes… Te aseguro que para ambos va a ser importante, pero no te creas que vas a ser un artista porno.

Finalmente, asegúrate de llamarla al día siguiente… En esa y las demás ocasiones… Eso es garantía de una posible próxima vez… Toma la previsión de quitarle el teléfono antes de que estés muy ebrio. Pero lo más importante es que siempre, siempre, siempre tomes como premisa el punto uno…

 

8.- SOBRE MAMÁ Y PAPÁ

No existe nadie más importante en el mundo, ni yo, por encima de ellos. Tus padres, mis amigos que me confiaron un pedacito de tu vida, son los mejores seres que conozco en el mundo. Son sabios, confiables, y con los años bien vividos en la vida. Absolutamente nadie sabe mejor que ellos lo que te conviene, está claro que tienen su plan y que quieren lo mejor para ti. Tú tomarás decisiones erradas y correctas, y ellos sabrán apoyarte y aconsejarte. No seas torpe, siempre hazle caso. Si tu corazón te dice otra cosa, tenlos al tanto para que estén preparados. Siempre van a estar contigo: tu eres lo mejor que les ha pasado en la vida.

 

9.- APRENDE A TOCAR GUITARRA

Suena ridículo que esto esté justamente aquí, pero creo que no existen prioridades en el orden de las cosas. Esto, aunque parezca broma, es importante. Si existe un instrumento que puedes llevar a cualquier lugar es una guitarra, la batería es chévere, pero muy grande; el bajo es medio aburrido; el piano es complicadísimo y necesita más disciplina, pero la guitarra es fácil de llevar, se aprende fácil, y si eres bueno, te vas a divertir mucho. Si quieres te enseño…

¡Ah claro!, es maravilloso con las señoritas.

 

10.- SOBRE DECIDIR QUÉ HACER DE TU VIDA

Vives en una casa de gente creativa, periodistas, diseñadores, escritores, cocineros… Artistas de las cosas mundanas de la vida. Seguramente querrás ser periodista también, o diseñador, o seguramente las dos cosas.

Quizas quisiéramos que seas abogado, o médico o algo parecido, porque sabemos que esto de la vida de los comunicadores es siempre bien improvisada, mira que lo sabemos tu Padre, tu Madre y Yo. Pero eso es lo que somos, y disfrutamos hacer lo que hacemos.

Creo que ese es el punto, sea lo que sea de lo que elijas hacer en tu vida, no hay nada más importante que seas feliz con eso, por eso te pido que te esfuerces en hacerlo mucho mejor que nosotros: y mira que no la tienes fácil. Sin embargo, te dejamos la honestidad, la constancia, la conciencia social, miles de libros y de historias sobre millones de personas, momentos, cuentos, hechos, sucesos y pare usted de contar, y finalmente, lo más importante, la pasión de hacer la cosas bien. Te lo dije antes, si vas a pelear, gana.

 

11.- SOBRE TU PADRINO

Mi trabajo es protegerte en la vida. Ser tu mentor, tu amigo, tu censor, tu monitor en este viaje loquísimo que se llama vivir. Seguro cuando sea padre me tocará pasearme por cosas que viven mis compadres con respecto a eso de enfrentarse a la vida contigo en los brazos.

Yo tengo una ventaja sobre ellos… Que tengo la oportunidad de darte la confianza que necesitas y de mi parte tendrás buenos consejos, otros no tan buenos si los escucha tu Madre, pero te darás cuenta que no hay nada mejor que poder tener a alguien que te apoye, y ese soy yo.

 

12.- SOBRE EL PASADO, EL PRESENTE Y EL FUTURO

Con respecto a esto, creo que hay que decírtelo de una vez… Hay tres palabras que quiero que las evites a toda costa. El Apego, la Ansiedad y el Miedo. Yo sé que eso no es fácil de controlar… Pero con el tiempo aprenderás.

El pasado y sus asuntos pasan en la vida, y lo mejor que puedes aprender es que ellas deben quedarse en su sitio cuando les toque.

El presente causa mucha ansiedad, pero debes entender que debes vivir un día a la vez y que los planes son sólo eso: planes.

Y bueno, con respecto al futuro, lo único que debes recordar es que el futuro no puede dar miedo, porque es inevitable, y sin duda el futuro llega. Deja el miedo escondido en donde no lo encuentres, sonríe, y sigue adelante sin tener dudas, y cuando no estés claro, pregunta, que siempre estaremos cerca cuando el futuro se convierta en presente y tengas que tomar decisiones.

Ah! Y con respecto a eso, pues cada cosa que decidas en la vida son irremediablemente tuyas, estamos aquí para ayudarte a que esas decisiones sean las más derechas posibles. Decidir no duele, pero hay que hacerlo, sin miedo, sin duda, y como te dije… Gana.

 

Bueno. Así termina un poco esto, creo que es apenas un dodecálogo que tengo pensando desde hace mucho tiempo escribir, creo, más o menos, desde que tu mamá me dijo con mucha alegría que estabas en camino y que quería que yo fuese su padrino.

He tenido la oportunidad de verte crecer desde que naciste hasta hoy, que te veo juguetón y sonriente, pero que hay cosas en tu carácter que me sorprenden: tu necesidad de querer andar solo en centros comerciales, de querer bañarte solo, de comer solo, de bailar, de molestarte y golpear la mesa, de regañarte con el dedo y ponerte mala cara.

Quizás se me adelantan un tanto los consejos, pero pienso que el mundo va tan rápido y el tiempo pasa volando que cuando tengas edad de leer estas cosas ya estos zapatos te van a quedar pequeños. Sea como sea, voy a estar todo lo cerca que sea posible para acompañarte en este camino, pero lo suficientemente distanciado para que no parezca que me meto demasiado.

Por lo demás, para todos, la vida está comenzando, porque apenas con año y medio el camino contigo esta poco andado. Buena Suerte, Santiago. Aunque no creo que te haga falta con tanta gente que te quiere cerca.

Santiago llegó en agosto de 2011 y poco antes que naciera sus padres me designaron de padrino, lo que para mí fue una gran sorpresa, aunque debo reconocer que era algo que deseaba. Vi como fue creciendo todas las semanas. Cómo aprendió a gatear, a caminar, a bailar y saltar; he visto como ha evolucionado su gusto por los celulares, las computadoras, los carros, el fútbol, las rubias, la música y las chupetas de parchita, más que las gomitas. Yo soy su padrino, y hoy es una de las cosas que más feliz me hace.

Si deseas ver el texto original, puedes hacer click en la imagen.

Notas de ti dormida


La línea te recorre entre las sombras confundiéndose con los contornos de la sábana. Resalta tu boca, tu nariz perfecta, las lívidas pestañas que simulan la curva perfecta de tus párpados. Estas dormida, eso parece.
De ahí, como de cisne, tu cuello devela los perfectos músculos que llevan a los huesos de la clavícula. Tus hombros, luego tus pecas más a detalle. Es imposible dejar de pasar por el delicado hilo dorado que cuelga de tu cuello.
En todo el recorrido, se encuentran los pequeñísimos vellos casi imperceptible en toda tu piel, con la textura exacta del terciopelo.
Así llego maliciosamente a tus pechos de agua fresca, redondos y sonrientes. El aroma de tu pecho es totalmente distinto: no sé si es a crema dulzona y tremenda, o es a esas flores que siempre me recuerdan a ti. Su vaivén me lo confirma… Sigues dormida… Quieta, perfecta.
La sabana sigue tu figura al calco. La cintura mínima, la cadera prominente y rencorosa, celosa de los deseos y señora del caminar, del vaivén y los tequieros.
El comienzo de tus piernas, otro decir… Las piernas. Ellas se entrelazan, se abrazan, se dispersan y nuevamente reúnen  entrelázandome, abrazándome, dispersándome y reuniéndome a ti como una danza eterna y nocturna, con una leve caricia de pies. 

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La paz que no soporta


Ella tenía la vista apesadumbrada mientras miraba por la ventana de jueves lluvioso de la cocina. El agua corría por la ventana deformando la visión, chorreando la calle, matando la distancia.
Lo recordaba. Venía a su mente esos momentos en el que disfrutaba la sensación de su voz. “Quédate” le decía cuando llovía en las mañanas. Ella nunca se dio esa licencia: la clínica siempre prelaba, siempre.
Recordaba como estiraba la mano con un lamento ahogado y risible, divertido… “Noooooo” gritaba el mientras ella dejaba ver por segundos mínimos sus nalgas redondas cuando caminaba desnuda al baño.
El reía. Sabía que ese era su talón de Aquiles, la hoja de Sigfrído, la Criptonita de Súperman, la oscuridad de Birdman. “Desnuda como quieras, menos las nalgas” decía.
No se preguntaba como dejó que pasara, por qué lo hizo, o peor aún, por qué dejó que atravesará la puerta esa tarde que discutieron. El sólo se fue. Tomó sus cosas y se fue, y dejó todo como había quedado: solo, sucio, triste, apesadumbrado. Lo único distinto era su recuerdo, su recuerdo como pieza fugaz de fantasía.
Pero su recuerdo era muchas cosas… El olor a pies, las toallas mojadas en la cama, el rollo de papel acabado, el olor sexy a champú de niña y a su jabón de olor favorito. El aroma a sus huevos domingueros y despertántes, sus arepas cuadradas y su afán de beber jugo de naranja desde el pote. Su gusto por el cine de autor, por dejar los libros roidos y acabados en cualquier parte, de fumar el cigarrillo hasta el filtro y de servir los rones muy fuertes.
El tono de su voz desafinado e histérico cuando cantaba canciones de fito en la ducha, su aliento a recién cepillado, su mano en la cadera toda la noche, su beso de buenos días, justo, preciso, e infaltable en el mismo centímetro del cuello todas las mañanas. Su necesidad de hacer el amor en cada lugar y momento que le apetecía, y que la saciaba.
Todo por culpa del maldito trabajo. Todo porque por tercera vez le pidió que le concediera un deseo, un regalo, una licencia que ella no concedió. Así, nuevamente sola, vestida de jueves lluvioso así como sus ojos, siente una paz que no soporta.

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Concurso Cartas de Amor 2013 – Buena Suerte, Santiago


cartas

Tengo días, desde que publiqué el anuncio del concurso, pensando que hacer con esto, hasta que el domingo pasado se me devino una epifanía, todo esto dibujando un Mandala, tomando una copa de vino, con los amigos, y en especial, con Santiago.

Creo que es mi deber ya que se escribir, dedicarle este espacio a alguien que quiero mucho desde antes de nacer, no sólo porque sus padres son especiales para mi, sino porque él en particular invoca alegría cada vez que lo veo. Debo reconocer que este texto se parece más a mi de lo que yo mismo puedo imaginar, pero creo que es un texto fundamental para lo que debe ser la vida de cualquiera que esta comenzando. Supongo cuando Santiago tenga la edad para leer estas cosas, estos zapatos le quedarán pequeños. Sin embargo ya es cosa mía ir escribiendo derecho en las líneas torcidas de la vida.

Les dejo la publicación y su link. Agradezco sus comentarios, que lo compartan si les gusta, y que lo lean. Porque asi como es para Santiago, es para todos aquellos que tenemos la responsabilidad de ser padrinos de alguien y no sabemos que significa eso. Por cierto, con respecto a ese tema, yo tampoco sé, pero me hago la idea que él, cuando crezca, necesitará una persona, más allá de sus padres, que lo entienda cuando le toque los temas serios de vivir y que no se enseña en la escuela. 

Gracias por sus lecturas. Les dejo, entonces aquí: Buena Suerte, Santiago.

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