Pensar en la libertad


erase una vez

Ana me preguntó por pin (Si… sigo siendo usuario Blackberry) que le dijera, en tres palabras, qué es la libertad. Además, para complicar las cosas, me preguntó de qué color era. “¿De qué color es la libertad y qué significa? Perro…”

Me costó unos minutos, porque quería hacer una pregunta consiente. “La libertad es Responsabilidad y es de color blanco”, le dije.

Algunos asocian la libertad con la expansión y la capacidad de hacer cosas. En lo personal, la libertad se trata de una posibilidad, y esa posibilidad, esa capacidad de decidir, debe, tiene que ser responsable. Yo siempre he creído que eso del libre albedrío, la capacidad de decidir sobre lo bueno o lo malo, es lo que realmente se basa eso que los cristianos le llamamos el pecado original. Se trata de esa terrible sensación en el cuerpo de tomar la decisión sobre las cosa que pasan en nuestra existencia porque, aunque suena loco, éramos más libres cuando no teníamos que decidir nada: teníamos el placer y la belleza al alcance de  nuestras manos, sólo por acatar la orden “de este árbol no comerás” (¿muy socialista del siglo 21 ese concepto no?).

Pero no. No podíamos soportar que otro nos diera todo lo que deseamos, o lo que suponemos desear. Teníamos que probar, ambicionar, querer más que el placer y la belleza, tenerlo todo en el paraíso. Por eso nos dieron la libertad: la libertad de decidir entre lo bueno y lo malo sin la protección de algo superior, la libertad de decidir nuestro propio destino, la libertad de ser responsables de nosotros mismos.

Pero por qué blanco… es sencillo. Los que escribimos nos gusta jugar a ser dios (Si, segunda locura del día).la posibilidad de cualquier cosa, de decidir el destino de un universo entero, de ver más allá, de saber que piensa el otro, que trama, que desea y que siente, la capacidad de soñar, sentir y pensar lo que sea, se define en la famosa hoja en blanco, ese enemigo del escritor, ese doloroso esperpento que muestra la posibilidad de cualquier cosa. Ese monstruo que crea dolorosas crisis del “Síndrome de la página en blanco”.

Creo que por eso, así como dios creo la luz, algún ingenioso maestro se le ocurrió romper la falsa tensión que causan los demonios de papel… Y así, con la furia de un Titán presto a asestar un golpe certero a Los Argonautas, con pulso preciso de su mano izquierda, con grafema orlado y prístino, escribió:

 “Érase una vez…”

Y pecó nuevamente.

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