Excusas ante mis ganas de fumar


Siempre he sido un tipo muy ansioso. Cualquier cosa me causa una sensación terrible de intranquilidad que he aprendido a controlar con los años. De hecho, en aquellos años donde vivía en estado constante de alerta, el modo supervivencia suprimía totalmente mi necedad y mi angustia. También creo que era por dos cosas que se han convertido a ultranza necesaria: escribir y fumar.

He dejado de fumar con los años, de escribir, nunca… sin embargo, en estos días donde las cosas están más inestables que de costumbre, las ansias de fumar han vuelto de manera intespestuosa y los días en los que puedo no paro de hacerlo. En ocasiones, un buen H. Uppman podría saciar mis ansiedades por una buena temporada. Ahora ni siquiera eso.

Se trata, afirmo esto, en una necesidad terrible de conseguir un poco de aire entre bocanada y bocanada… de comprender que cada vez que exhalo estoy retomando algo que se ha convertido en costumbre: mi necesidad de respirar, de tener el control total de las cosas que tengo a la mano, de autocontrol, así sea forzado en la escritura o en el insensato vicio terrible del cigarrillo.

Con respecto a escribir, pasa algo particular… Conversaba el otro día con un amigo sobre poesía, ante lo cual, indica él, sabe mucho menos que yo (y ojo, yo no soy un catedrático, sólo una persona que leyó toda la poesía que pudo cuando pudo) y le contaba que Neruda decidió hacer un ejercicio interesante sobre cómo escribir sobre las cosas más sencillas de la vida… De ahí, las Odas Elementales. En ese sentido, proviene el ejercicio de las Cosas del Decir , que se ha visto viciado por eventos afortunados y otros no tanto, además de la necesidad de reciclar algunas cosas que se han convertido en la dirección de nuestra vida en los últimos años.

Como diría Paul Auster, la necesidad de escribir (asi como la de fumar) no es precisamente una sensación placentera, sino que simplemente me siento peor cuando no lo hago. Cuando no escribo, se proyecta más terriblemente mi ansiedad… pero después de escribir, Justo cuando termino de hacerlo, deviene nuevamente esa necesidad. Ahí es cuando comienzo a fumar.

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