El mito de Leda (2006)


1

Sandra me volvió a llamar. Me dijo que era una cosa urgente y que no podía esperar. Diciembre estaba en las calles y llegar al centro de Caracas era imposible. No se puede caminar y mucho menos para llegar a la tienda. Sentí la presencia de varios tipos que tenían ganas de robarme, pero uno de ellos, que se presentó frente a mis ojos, hizo una seña y asentó con su cabeza. Con una reverencia me dio paso adelante. Algo bastante extraño.

Al llegar a la tienda la negra me dijo que subiera frente a la presencia de un sin número de compradores de baños y esencias. Una morena, muy parecida a Elena, me trancó el paso cercano a la escalera. Elena la volteo con la mirada y ella con ojos de regaño dejo que pasara no sin cara de desconfianza.

“El es amigo de la señora”, le dijo en voz baja.

Sandra me esperaba. Se sentía desde la escalera colorida. Era algo nuevo. Era la sensación de la espera que la bruja emanaba. “Tienes que aprender a percibir. A sentir lo que el universo te muestra. Tienes que aprender a limpiar tu mente para ver con claridad. Te falta mucho, Abre los ojos”. Me dijo Sandra una vez.

En la mesa estaba una nota que decía, “espera”, junto a aquel té de coca que sabía que estimulaba mis pensamientos y abría mis sentidos. Había un libro cerca. El cuero desgastado, como de costumbre, con la cinta roja roída marcando la pagina 156, que aunque estuvo complicado comprenderlo por mi falta de práctica en latín antiguo, decía más o menos lo siguiente:

“Sólo el cantar de la tristeza de una doncella puede dar vida al ave negra de la muerte solar. Sólo el canto del ave, puede acabar con la noche que cubre su corazón, pero el sacrificio de ambos sea justo con el dolor y el renacimiento de un alma”

Sandra, a quien solía vestir de blanco, hoy estaba más gris que nunca. Su piel estaba muy blanca, más que de costumbre.

– ¿Qué te pasa?

– Es el pasaje. Tengo algo que mostrarte.

Me pidió que la siguiera al cuarto contiguo, a través de la cortina de cuentas rojas y negras, hasta hoy, un terreno inaccesible para mi entendimiento. Estaba lleno de flores blancas, las paredes eran blancas, y en el centro había un altar de mármol blanco con una caja de terciopelo negro en medio.

– Es necesario que entiendas que todo lo que va a pasar de hoy en adelante es más poderoso que nosotros dos juntos.

– Cualquier cosa es más poderosa que yo… Sandra, lo sabes que yo de esto…

– Calla… Escucha… Abre los ojos.

– Si señora…

– Llevo más de 30 años cuidándolo, y al parecer sólo tú puedes ser el mensajero para quien puede cumplir la profecía. Este es el huevo de un cisne negro. Y sólo una doncella puede hacerlo nacer como la profecía lo dice. Para eso tienes que protegerlo con esta daga.

Sandra me entregó una daga con una piedra oscura en medio. De la empuñadura. Era la daga es la llave, sólo me dijo eso.

“Y ahora” pensaba yo, cuando caminaba por el centro de Caracas con la caja que contiene un huevo. ¿Pero qué es?

Me senté a fumar frente a la iglesia de Santa Teresa, al pie de la campana. No me quedaba otra: llamar a Nathaniel.

Entre a la iglesia. Caminé por el pasillo entre los bancos centrales. “Ad Magis Dei Gloriam”, grité en la nave central. Al minuto se asomaba un hombre calvo y alto, con tez vasca, y me dijo “amen”.

2

El cura caminaba de un lado a otro, vociferando groserías. Aludía a que yo era más pendejo que nadie al meterme en semejante lío con lo del huevo y la doncella. Después de caminar y vociferar por más de media hora, Nathaniel se sentó, se sirvió estrepitosamente vino en un vaso que tenia sobre la mesa, oculto entre un sin fin de papeles y lo tragó sin mucho recelo. Luego miró al cielo.

Casi todos los sentidos simbólicos se refieren al cisne blanco, le llaman el ave de Venus, la mujer desnuda, la desnudez permitida, la blancura inmaculada. También hace referencia a su hermafroditismo, es mas­culino en cuanto a la acción y por su largo cuello fálico, y femenino por el cuerpo redondo y sedoso.

El cisne es la realización suprema del deseo, precisamente su canto, que no es más que el símbolo del placer que muere en sí mismo. Este mismo doble sentido del cisne es conocido por los alquimistas como el “Mercurio filosófico”, el centro místico y la unión de los contrarios, significado que corresponde en absoluto a su valor. Otros autores destacan que por su relación con el arpa y con la serpiente sacrificad: el cisne aparece como montura mortuoria, porque los símbolos esenciales del viaje místico al ultra mundo son el cisne y el arpa. Esto pareciera ser la explicación del misterioso “canto del cisne” moribundo.

El cisne es también medio pariente del pavo real, aunque en situación inversa. El cisne-arpa, correspondiente al eje agua-fuego, expresa la melancolía y la pasión, el auto sacrificio, la vía del arte trágico y del martirio.

En cambio, el Pavo Real, situado entre tierra y aire, representa el pensamiento lógico. Así como el caballo es el animal solar diurno, el cisne era el que tiraba de la barca del dios Sol a través de las olas durante la noche. Es evidente que la leyenda de Lohengrin se halla en relación con este mito.

Dijo el cura de manera muy académica, sin que pudiera entender ni una sola palabra de lo que estaba diciendo, pues para mí, todas estas referencias eran bastante extrañas a mis estudios de esoterismo. “Escucha… Abre los ojos, hay muchas cosas que faltan por entender y cosas que yo no sé. Esto es solo parte de las cosas que te puedo explicar”.

No me quedó duda de que debía preguntarle por Lohengrin, a lo que sólo me respondió, “Escucha a Wagner”.

¿Y de donde joder yo saco alguien que me explique ópera alemana de mediados de siglo antepasado?, pues quién más… ¡Palmiro!

3

Tomé el Metro. La gente me veía con cara de extrañeza pero se apartaba del camino. Una señora mayor, como de 60 años, me tomo de la mano y me sonrió. Luego me dijo que las cosas tenían que pasar por alguna razón y luego se bajo con una sonrisa en los labios. Al bajarme la gente se apartó para dejarme salir.

Sabana Grande estaba realmente extraña. La luz de tarde estaba empezando a estirarse por las calles de la gran avenida, pero el frío no dejaba de azotar a la gente. La basura alfombraba el piso, como todos los diciembres, pero extrañamente, era poca la gente la que caminaba por las calles atestadas de buhoneros.

Palmiro me abrió la puerta de su apartamento en Sabana Grande. Era un lugar pequeño pero cómodo. El olor rancio a cigarro empapaba todo el ambiente. “Qué coño haces tú aquí, si tú no tienes ninguna moral para verme a la cara coño de tu madre”, fue su recibimiento, luego del portazo en las narices. Segundos después abrió la puerta muerto de la risa, y me invitó a pasar.

Después del café saque la caja del huevo y le conté la historia completa. Su visión de químico, quizás de alquimista en búsqueda de la piedra filosofal, hizo que sus preguntas fuesen más que sus respuestas. Después de escuchar la historia con detenimiento dijo: “hay muchos huecos, no logro atar los cabos, todavía si fuera Guillermo de Ockham todavía, pero aún sigo siendo un simple mortal… ¿Lohengrin? ¿Era de eso que me hablabas de Wagner no?… déjame ver…”

Se paró de su silla y comenzó a buscar en su biblioteca. Sacó un folleto en alemán de una opera en Múnich de hace unos cuantos años, y puso un CD que saco de entre una discoteca nutridísima. Donde supongo que cualquier otro no sería capaz de conseguir algo en especifico con tanta velocidad.

Levantó su dedo, con mucha elocuencia y con una sonrisa en los labios dijo: “Oft in trüben Tagen”, y comenzó a traducir del alemán al español cada uno de los movimientos de la ópera de Wagner, que según explicó Palmiro, fue dirigida por primera vez por Liszt.

Cuenta de qué manera Elsa pierde a su hermano el heredero, Gottfried, y es obligada a casarse con Telramund, enviado del rey Enrique. Luego aparece Lohengrin, en una barca arrastrada por un cisne, con su armadura de plata. Este la desposaría si no le preguntaba quién era ni de dónde venía. Elsa es obligada a hacer develar la identidad de Lohengrin. Elsa rompe sus votos y el decide dejarla, pese al amor que le tiene. Él es un caballero del Santo Grial, de nombre Lohengrin, hijo de Parsifal, y ahora que su secreto ha sido revelado ha perdido su poder y debe regresar.

Predice una gloriosa victoria para las armas alemanas; entonces aparece el cisne, arrastrando una barca vacía. Lohengrin le saluda: “Mein lieber Schwann”, abraza a Elsa en una tierna despedida, le entrega la espada, el cuerno de caza y el anillo, para que se lo dé a su hermano Gottfried si alguna vez vuelve.

Luego Elsa se entera que ella transformó a Gottfried en un cisne, el que ahora sirve a Lohengrin; si Lohengrin hubiera podido quedarse también habría podido devolver a Gottfried a su estado natural, pero ahora la oportunidad se ha perdido.

Lohengrin cae de rodillas y reza. En respuesta a su plegaria, aparece una paloma sobre su embarcación, el cisne se sumerge en las aguas del río y aparece Gottfried. Los ciudadanos de Brabante vitorean a Gottfried, quien desde ahora les gobernará. La paloma conduce ahora la embarcación, en la que va Lohengrin. Mientras, Elsa, que lo ve marchar, cae sin vida en los brazos de su hermano.

Esa es la relación del cisne y le muerte. Este es un mito de un número de las “Memorias de la sociedad alemana de Königsberg” donde aparece ésta antigua leyenda germánica.

Palmiro, lleno de risa, ante mi extrañeza y mi duda, sólo logró alcanzarme a decir que esta historia es una herramienta estética para develar este rompecabezas del embrujo. “Escucha… Abre los ojos… La clave no está en el texto, está en la música”, dijo.

Llegue a la casa desconcertado. Dejé la caja sobre la mesa, y la daga al lado. Me lancé en el sofá a ver televisión y ahí quedé dormido.

4

Me desperté desconcertado con el ruido que hacía a la señora María en la cocina. Al verme la cara pensó que la rumba del otro día era una tontería al lado de lo que estaba viendo en mi cara hoy. Le pedí que no dijera nada, y le conté la historia del huevo y la daga. Muerta de la risa me dijo que había metido el huevo en la nevera con caja y todo porque no sabía para qué carrizo era eso. No tuve otra reacción ante tal torpeza sino que reírme. “El cuchillo ese lo puse sobre su mesa de noche porque yo se que a usted le gustan vainas muy raras”, reprochó con una ponchera llenas de medias sucias que iba a restregar en la batea.

Saque el huevo de la nevera, lo lleve a la biblioteca y lo coloque sobre la mesa mientras prendía la computadora. Me sirvió para ordenar toda la información que había recolectado. Eran necesarias retomar muchas cosas con diccionarios, libros y otras cosas que tenía por ahí guardadas en la biblioteca.

Un correo electrónico retumbaba en el MSN desde hace rato. Era de Leda.

“Negro, estoy en Caracas y quiero verte. Lo más seguro que pase hoy por tu casa en la noche. Espera mi llamada. Se te adora. Leda”.

“¿la niña de nuevo?”, me tomó de sobresalto la voz de María cuando entraba con yo no sé qué cosa para la habitación. Asentí con la cabeza sin voltear.

– Tú no puedes seguir en este asunto con la niña… – dijo arrimando una silla.

– No sabes las veces que he pensado en eso… María, es momento de que empiece a no dejarla venir más para la casa.

– Si es cierto. Es siempre cuando ella lo necesita, pero cuando usted la necesita no es capaz de aparecer.

– Bueno… eso es tampoco cierto.

– Yo lo único que te puedo decir es que esa bruja amiga tuya te dio esto es precisamente para que resuelvas estos asuntos que no terminas de entender. Creo que vas a tener que sacrificar algunas cosas para que esto se dé.

– ¿Y tú como sabes de esto?

– Yo soy como tu madre… sé cuando algo te preocupa. Y esto te lo dio la bruja para que lo resolvieras. Pero… ¿Cuánto estas dispuesto a dar?

Seguido de esto, sólo me basto recibir el abrazo de María que si no tengo que mentir, ciertamente se ha convertido en la madre que me ha dado los consejos que necesitaba en esta época. “Abre los ojos, negro, ten fe en ti… La niña te ama, pero no sabe qué hacer, Es solo parte del sacrificio que debes hacer”.

Sonó el teléfono.

5

No estoy hablando de historias imprevisibles o de cosas que pasan por azar. Se trata de hechos que se suceden porque la historia está escrita de alguna manera en algún lado. Precisamente, la historia estaba escrita, en un libro negro, con hojas gastadas, en latín. Así era la forma de encontrarse con el destino en las historias de hadas y en los cuentos de caballeros y criaturas mágicas, pero esta vez no se trata de historias contables, se trata de cómo pasan las cosas, y esto tiene que ver con Leda

Leda llego a mi casa a las tres de la tarde. Ella fumaba recostada en el poste de luz, con el violín descuidadamente puesto en el suelo, como si no le importara en lo más mínimo que una de las piezas de madera más valiosas de este país estuviese tratada con el desdeño de esta virtuosa dama y sus dedos.

Tenía unas licras a media pierna, una camisa blanca que lucía entre abierta, pero bajo ella tenía una franelilla roja que entrevistaba sus senos que podía ver desde mi ventana. Su cabello, como de costumbre estaba amarrado con media cola. La muñequera negra con la estrella roja.

Cuando me asomo a la ventana tira el cigarro al suelo y con sus zapatillas deportivas lo apaga majestuosamente y saluda con la mano. Era ella, indiscutiblemente era ella. Tomé las llaves de la mesa de la sala mientras María entendió que era hora de irse, no sin antes echarme una bendición sobre la cabeza. Me santigüe como era la costumbre, porque esta vieja sigue siendo mi madre después de tantos años sin necesidad de haberme parido. “Abre los ojos, negro, ten fe en ti… La niña te ama, pero no sabe qué hacer, Es solo parte del sacrificio que debes hacer”. Y nos acompañamos por las escaleras tres pisos abajo, a despedirme de ella y recibir a mi amiga que llegaba de la calle.

Cuando salimos a la calle, un leve viento levanto su cabello mientras tomaba el violín del suelo, se subió los lentes y se entregó con un beso a la tarde.

Estuve sentado en la ventana de la casa. Ella llegó con unos cigarros, encendió ambos y me paso uno. Me miró intensamente. Me tomó de la mano.

– ¿Cómo has estado?

– Digamos que bien, que te puedo decir. Exceso de trabajo. Exceso de muchas cosas.

– Si te conozco.

– ¿Tu?

– Igual, tocando de allá para acá. Como siempre en las mías. Con la última gira he tenido que dejar la universidad por un rato, no creo que sea mucho. Creo que el próximo semestre, si no sale nada raro, seguiré con lo mío de nuevo.

– Si eso me dijiste la vez pasada…

– Ah, negro siempre regañándome. ¿Y qué es eso?

Miró el anillo y se rió. Le dije que era mi amuleto, mi protección. Ella se subió la franela y se volteó para mostrarme su tatuaje en la parte baja de la espalda: Queen. “Te gusta”, preguntó con una sonrisa en la cara. Húmedo puse el dedo en la boca del fénix, y asentí con la cabeza. “Un fénix o un cisne” pregunté yo, y puso cara de cierta duda.

La tomé por la cadera y la lleve a mis piernas torpemente y la besé. Su camisa blanca dejaba entrever sus pechos ocultos bajo la camisa roja. Mi mano se deslizó debajo de su camisa.

6

Si se supiera que hay entre las sombras seguramente habría los labios rojos de una mujer que aún no sabe qué nombre tiene el silencio. No sé qué tiene sus piernas, sus piernas dóciles, blancas, fuertes, justas, esperanzadoras. Así, sus caderas así, su ombligo así, su vientre claro y fornido así, el camino hacia su pecho, su hermoso pecho, de senos redondos y pequeños, de pezones duros y claros, de esos que sólo comparte la belleza del amor cuando se ama.

Así, así, se puede seguir besando un cuerpo, una espalda pecosa, una espalda tatuada con nuestra primera cadena entre nosotros dos, nuestro primer vínculo entre los poetas que tanto leímos, entre los labios que entrecruzamos cuando éramos jóvenes, entre los cafés y las palabras perdidas entre besos. No, no puedo llamar a esto sexo, ni amor, ni nada que se parezca a los usos carnales de la piel, esto es una forma desfigurada del destino. Sólo somos ella, yo, y la energía del universo. Sólo eso.

Su sudor, si es su sudor, que de dulce nada, de salado, de repente, de su olor, de la sábana sudada de todo de lo que pareciera el sexo, de todo lo que pareciera el placer, de todo eso que no sé cómo se llama. De hecho, también está el temblor, está el frío que hay en el ambiente, de la luz que existe alrededor gracias a la media luna, a sus pies, a sus no sé qué realmente como se llama.

Su brazo, después de abrazarla, fue simplemente una forma de saber que había algo que me hiciera calla para toda la vida, dejar las palabras y comenzar con la nueva vida. Pero el mundo no da vueltas para el lado que uno desea. Todo está escrito en las estrellas. Y eso sólo lo puede hacer un visionario del destino.

Me despertó la música. La vi sentada en el suelo con las partituras regadas por todo el suelo. Y con interés en un de ellas, sus dedos estaban sobre el violín simulando notas una y otra vez. Tenía la camisa blanca, sólo eso.

Me senté frente a ella a ver que leía. No tenía nombre por ningún lado y no me parecía nada conocido. “¿y eso?”, pregunte. “es algo que estoy tratando de escribir, pero no convence”. Le pedí que lo tocara. Ella comenzó cerrando los ojos a tocar.

Una luz comenzó a salir de las rendijas de la nevera, y de golpe estalló la puerta de la nevera, y un vendaval nos envolvió a ambos. “Qué es esto”, preguntó ella con rostro de terror. Me acerqué a la nevera y el estuche ya no estaba, solo un ave negra de cuello elegante y con las alas extendidas. El ave emanaba una luz tremenda. No me quedó otra de sacar el ave de la nevera y colocarlo sobre la mesa de noche. Ella acurrucada en un mueble, veía con gran asombro lo que ocurría.

– dime que es un juego negro, que no tiene nada que ver con lo que estoy pensando.

– Si, es lo que estas pensando.

– Como es que siempre es lo mismo, siempre tienes una cosa extraña en tu vida, siempre tienes una sorpresa, una cosa que no sé que es que termina haciendo correr a cualquiera.

– Porque así son las cosas Leda porque así son las cosas.

De repente recordé las líneas en latín que leí en casa de Sandra: “Sólo el cantar de la tristeza de una doncella puede dar vida al ave negra de la muerte solar. Sólo el canto del ave, puede acabar con la noche que cubre su corazón, pero el sacrificio de ambos sea justo con el dolor y el renacimiento de un alma”.

Las palabras se me quedaron en la garganta. Y empecé a hablar solo:

– ¡cierto!, sólo el cantar, pero no es un cantar porque la clave está en la música, es algo tocado por ella. Pero lo de doncella…

– Marco…

– ¿Qué?

– Que es esto…

– Por lo que entiendo tú eres la doncella que despertaría al cisne y por lo que puedo entender tú eres la del sacrificio…

– Negro no puedo entender cómo es que siempre te rodea algo extraño, siempre es algo que yo no puedo entender, siempre es… usssssh, ¡UNA MALDICION!

– Pero lo que no entiendo es que tiene que ver con nosotros dos, porque según Nathaniel, debería morir el cisne para romper la profecía la daga…

– COÑO MARCO ESCUCHAME… NO ENTIENDES QUE NO ENTIENDO QUE ESTA PASANDO…

– Leda toma la daga y mata al cisne que es lo único que puede romper la profecía…

– CUAL PROFECÍA SI YO NO ENTIENDO ABSOLUTAMENTE NADA.

Leda dio un manotazo y soltó la daga, que fue a parar directo a mi pecho.

7

Era difícil respirar, de hecho, era casi imposible respirar, sentía que algo caliente corría por mi pecho, y algo frío estaba enterrado en mi pecho. Ella con sus manos no sabía qué hacer, no sabía si sacar la daga o si dejarla en su sitio. En una de esas la tomo fuerte con sus manos y la sacó de un tirón. “Te voy a llevar a un barrio adentro, no sé a dónde”. Tomo las llaves de mi carro, con su camisa blanca apretó mi herida y a duras penas me llevó al carro.

Al llegar al modulo de barrio a dentro. Tuvimos que arrastrarnos hasta la puerta y tocar la puerta azul como seis veces para que nos atendieran. Salió un negro como de dos metros y medio que con acento cubano nos atendió. Al principio no nos quería atender porque era un hecho de sangre pero, luego que le mostramos la daga, miró a leda con cara de miedo. Y nos hizo pasar rápidamente. Me colocaron en la cama… y no recuerdo mucho de lo ocurrido.

Cuando me di cuenta estaba el negro echándome unos ramazos y bañando la herida con un aguardiente barato. “esto no es brujería balurda, muchachita, esto es brujería de la seria…” le dijo a Leda y registrando algún libro y después de unas cuantas llamadas, logró conversar con el jefe de los santeros que le dio cierta orientación”.

De un escritorio lleno de cosas, santos, velas y yo no sé cuantas cosas más, sacó un cuerno de caza, de eso que se ven en las películas. “Sabía que algún día sabría para que sirve esto”. Y le lo entregó a Leda el cuerno. “Sóplalo” le dijo, y lo que sonó fue música maravillosa. El cubano se rió. Ella sorprendida le preguntaba que pasaba, y al soplarlo el sólo se escuchó el sonido de un cuerno de caza. Llévalo a casa… dijo. No recuerdo más.

Eran como las 3:43 de la madrugada, lo sé porque el reloj del VHS marcaba eso… Leda tocó el cuerno y el cisne cantó.

Como a las cuatro, un poco más… Leda estaba con la cabeza del cisne bañando la herida con un viscoso líquido, creo que era sangre, pero era fría…

Como a las 5 leda estaba acurrucada en el mueble viendo como una luz azul llenaba el cuarto… lloraba y el rímel le corría por las mejillas

Como a las cinco y 30 escuche la puerta… Leda se había ido, como de costumbre colocó una nota bajo el cenicero…

Al despertar, estiré la mano para tomar la nota… La nota decía:

“Es increíble como siempre eres el tipo de las cosas extrañas, de las cosas locas, de las cosas invisibles. Son las cosas contigo. Creo que es por eso es que las cosas contigo son tan puras y tremendas, pero son cosas que yo, después de muchos años no logro entender.

No creas que salgo huyendo de tu vida a cada rato por el miedo que le tengo a las cosas que vivo contigo, le tengo miedo al amor que nos tenemos. Tu eres una de las cosas más puras que me han pasado en la vida, y a veces me cuesta descubrir que eres tan mundano como cualquiera, pero tan extraño y oculto como ninguno.

Según me dijiste, tenía que matar el cisne. Con eso moje tu herida, era lo que me dijiste. Me dio mucho terror lo que ocurrió después. No entendí definitivamente. Porque era simplemente magia. Esas cosas que tú sólo conoces. Magia de la de verdad…esa misma magia que me hizo postrarme en tus labios una vez y es la que me hace volver siempre.

Vine a verte para mostrarte mi tatuaje y decirte que me iba a Múnich a tocar con la orquesta…después de ahí creo que son unas cuantas fechas. Dicen que tocaremos con el Papa, pero hasta que no lo vea no lo sé.

Te amo, es el sacrificio que hago por ti”.

8

Sandra me llamo en ese instante. Como buena adivina, conocía todos los detalles de los sucedido, pero de eso no comentó nada. Me pidió que fuera a la tienda para conversar. Que llevara todas las cosas. Aun no había parado de llorar cuando tranqué.

Era incomprensible que tomara el metro. Pero en una caja llevaba todos los objetos. Al llegar a la casa de Sandra me la encontré con Nathaniel en la sala de estar. Ambos charlaban amenamente pero callaron cuando me vieron llegar. El jesuita se abrió la camisa y me mostró la cicatriz. Yo abrí la mía y me di cuenta que era exactamente igual. “no se sabe si era un fénix o un cisne”, dijo él, y sin mucho que hacer asentí.

Puse le huevo sobre la mesa, la daga y el cuerno que aquel cubano me había dado. Sandra extendió la mano y se la di. Con dos pases me quitó el anillo y me dijo que ya no lo necesitaría más. Ella tomo el huevo y lo coloco de nuevo en si caja de terciopelo y la colocó en un anaquel. El anillo, la daga y el cuerno fueron a parar al mismo lugar.

Arrodíllate, dijo Nathaniel.

– Hoy aprendiste que la fe no es ciega pero que el amor puede cegar a cualquiera. Sólo el señor tiene la visión clara del universo y sabe que sólo él puede cambiar las cosas.

– Nuestro trabajo como magos – siguió Sandra – es entender el universo, saber el por qué de las cosas. Saber que nada pasa en el universo sin alguna razón. Eso nos diferencia del todos los demás. Entender, comprender e interpretar el universo es nuestra misión.

– El anillo es el símbolo de tus miedos…

– El cuerno es el símbolo del alma libre que necesita salir…

– La daga es el símbolo del equilibrio, puede ser un arma mortal como puede ser de gran ayuda…

– El huevo es el símbolo del futuro…

Me ayudaron a levantarme y en alemán recitaron unos versos al unísono… Lohengrin. La luz entraba sobre la ventana… se fundía con las palabras de los recitantes. La cicatriz en el pecho era solo el comienzo de la paz que tenia.

Al salir de donde Sandra acompañé a Nathaniel a templo. El nazareno estaba tan imponente como siempre. El jesuita me miró y me preguntó qué me pasaba. Negué con la cabeza alegando cansancio. “Ella va a volver. El secreto está en las palabras”.

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