Receta para una sopa de pollo (2006)


Tengo los dedos marcados por el cuchillo. En ocasiones son mayores los pedazos de piel que cortaba en la punta de los dedos. Hasta las uñas llegué a tajarme cuando cortaba. Una vez tuve una cortada tan profunda que no cerró en semanas. Pero me encanta cocinar. Así me divierto.

La papa en cuadros es azarosa, precisamente porque siempre conocía a alguien que lo hace de diferente manera. Pero lo realmente delicioso es cortar las hierbas por su aroma: el del celeri, el cebollin, el Ajo porro y el Perejil, todo junto, es capaz de despertar unas cuantas papilas gustativas cuando comienza a hervir el agua. Sin duda, nada como el aroma del ají dulce, por eso es que creo que seguimos siendo uno de los pueblos más sabrosos, pues sólo el ají dulce puede cambiar la forma de percibir el mundo.

En mi casa nos gusta mucho cocinar con ajo. Es esencial tener el ajo en la casa ya pelado, varias veces ya rebanado o licuado, así es más fácil cocinar. Lo fastidioso es tener que pasar una tarde completa pelando cada uno de los dientes de ajo para después licuarlo. Pero todo ese trabajo se compensa cuando cocinas con las cosas ya listas. Lo ideal es que le pongas aceite para que se conserve.

Si me preguntas por que le pongo jengibre a la sopa es por culpa de uno de esos amores que se pierden en el camino. Ella me mostró el sabor y el aroma de jengibre, aunque no puedo negar que el tomillo, la pimienta y el laurel son imprescindibles, el jengibre posee un sabor ligeramente picante que encanta.

Aquí es donde viene el toque maestro: Cubito Maggi. Pareciera que al que se le ocurrió semejante idea seguramente alguen le dijo que estaba loco, que era una hereje, o que seguramente nadie le vio la utilidad cuando lo logró, pero creo que es uno de los genios del siglo, junto al que inventó el queso fundido y el diablito.

Por otro lado, no existe mejor cosa que el fideo de arroz. Es un invento oriental maravilloso que cuando es cocinado se convierte en unas hilachas transparentes muy divertidas, además toman el sabor de cualquier cosa.

En la casa odian arreglar el pollo, pero para mi es una de las tareas mas divertidas. El despellejarlo, desmembrarlo, limpiarlo, picarlo y convertirlo en sopa no es una tarea agradable, pero en mi caso no es ninguna contrariedad.

El placer de cortar de nuevo, limpiar el abdomen y usar el cuchillo para separar los pedazos es una tarea tan distractora y oscura que creo que es la única razón que conozco por la que hacía sopa de pollo, de cortarme los dedos, de sangrar inclusive, de sentir el ardor en las heridas de las manos del limón con el que frotaba el pollo. En fin, de la servilleta empapada de sangre, quizás el ingrediente principal de mi sopa de pollo, la que despierta la animalidad voraz de mis súbditos que beben mi poción como pirañas hambrientas y sudorosas.

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